La cirugía robótica es una técnica avanzada que ofrece múltiples beneficios para el paciente, como una recuperación más rápida, menor pérdida de sangre y menor dolor postoperatorio. Sin embargo, para garantizar el éxito del procedimiento, es indispensable que el paciente siga una preparación adecuada antes de entrar al quirófano. La preparación para una cirugía asistida por robot involucra varias etapas que inician con la evaluación médica y culminan con indicaciones específicas el día de la intervención.
Cada paso del proceso de preparación tiene como objetivo reducir riesgos, optimizar los resultados y asegurar que el paciente esté en las mejores condiciones físicas y emocionales para afrontar el procedimiento. A continuación, se describe de manera detallada cómo debe prepararse un paciente para una cirugía robótica.
Evaluación preoperatoria: el primer paso esencial
La primera etapa en la preparación de un paciente es la valoración médica preoperatoria. En esta fase, el especialista realiza una revisión detallada del historial clínico, antecedentes familiares, alergias, cirugías previas y enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión o problemas respiratorios. También se solicitan estudios de laboratorio y gabinete, como análisis de sangre, electrocardiograma, radiografía de tórax o tomografías específicas según el tipo de cirugía.
Este proceso permite al equipo médico identificar factores de riesgo, ajustar tratamientos previos y determinar si el paciente es un candidato adecuado para una intervención robótica. En ciertos casos, puede ser necesaria la valoración por parte de otros especialistas, como cardiólogos, neumólogos o anestesiólogos.
Educación e información al paciente sobre la cirugía robótica
Una parte fundamental de la preparación es brindar información clara y completa al paciente sobre el procedimiento. El cirujano explica en qué consiste la cirugía robótica, cuáles serán los pasos durante la operación, los beneficios esperados y los posibles riesgos o complicaciones. También se aclaran dudas sobre la tecnología utilizada, la duración estimada del procedimiento y los cuidados posteriores.
Este proceso educativo tiene un impacto positivo en el estado emocional del paciente, ya que reduce la ansiedad y fortalece la confianza en el equipo médico. En ocasiones, se entregan folletos informativos o se proyectan videos explicativos para reforzar la comprensión.
Ajustes en medicamentos y hábitos antes de la cirugía
Una vez determinada la fecha del procedimiento, el paciente debe realizar ciertos ajustes en su rutina diaria y tratamiento farmacológico. Por ejemplo, si toma medicamentos anticoagulantes o antiplaquetarios, estos podrían suspenderse o sustituirse temporalmente bajo indicación médica. También puede ser necesario ajustar dosis de medicamentos para enfermedades crónicas.
Además, se recomienda evitar el consumo de alcohol y tabaco al menos dos semanas antes de la cirugía, ya que ambos factores interfieren en el proceso de cicatrización y elevan el riesgo de complicaciones respiratorias. En pacientes con sobrepeso u obesidad, se sugiere adoptar una dieta saludable y realizar actividad física leve para optimizar su condición general.
Indicaciones alimenticias y de higiene el día anterior
El día previo a la intervención, el paciente recibe instrucciones específicas de ayuno, que por lo general consisten en evitar alimentos sólidos durante al menos ocho horas antes del ingreso al hospital y líquidos claros hasta unas pocas horas antes de la cirugía, dependiendo del protocolo institucional.
También se recomienda tomar un baño con jabón antiséptico la noche anterior o la mañana del procedimiento, con especial atención en la zona a intervenir. Esto ayuda a reducir la carga bacteriana en la piel y disminuir el riesgo de infecciones.
En algunos casos, se puede indicar un lavado intestinal o la suspensión de ciertos productos como maquillaje, cremas o esmalte de uñas, ya que interfieren con los equipos de monitoreo durante la cirugía.
Ingreso hospitalario y preparativos en quirófano
El paciente debe presentarse puntualmente en el hospital con la documentación requerida, estudios preoperatorios y sin objetos de valor. Una vez ingresado, el personal de enfermería verifica los datos médicos y comienza con la preparación quirúrgica, que incluye la colocación de una bata estéril, identificación del área quirúrgica y, en algunos casos, administración de medicamentos profilácticos como antibióticos.
Poco antes de la intervención, el anestesiólogo evalúa nuevamente al paciente, resuelve inquietudes sobre la anestesia general y explica cómo será la inducción. Al ingresar al quirófano, se colocan monitores para controlar signos vitales y se aplica la anestesia para iniciar la cirugía.
Apoyo emocional y acompañamiento familiar
El aspecto emocional también forma parte de la preparación. Es habitual que los pacientes experimenten ansiedad o temor antes de una cirugía, especialmente cuando se trata de una técnica avanzada como la cirugía robótica. Por esta razón, el acompañamiento de un familiar o ser querido puede ser de gran ayuda durante el proceso previo.
En algunos centros médicos, se cuenta con personal de apoyo psicológico o de trabajo social para orientar al paciente y su familia. Fomentar una actitud positiva, mantener una buena comunicación con el equipo médico y estar bien informado son factores que influyen en una mejor experiencia quirúrgica.
Recomendaciones para el postoperatorio inmediato
Aunque este punto forma parte del periodo posterior a la cirugía, conviene que el paciente esté preparado de antemano para lo que puede esperar en los días posteriores. Se le informa sobre la duración estimada de la hospitalización, posibles molestias, tiempo de recuperación, necesidad de reposo relativo, y cuándo podrá volver a sus actividades cotidianas.
En muchos casos, la recuperación tras una cirugía robótica es más rápida y menos dolorosa que en la cirugía tradicional, pero es importante seguir todas las indicaciones médicas y asistir a las consultas de seguimiento para evaluar el progreso.
Prepararse adecuadamente para una cirugía robótica no solo implica cumplir con requisitos médicos, sino también asumir un rol activo en el proceso, estar bien informado, seguir las recomendaciones del equipo de salud y cuidar tanto del cuerpo como del estado emocional. Esto contribuye a que el procedimiento se desarrolle de forma segura y que los resultados sean más satisfactorios para el paciente.