La radiocirugía es un tratamiento no invasivo que utiliza haces de radiación de alta precisión para destruir o inactivar células anormales, como tumores, malformaciones vasculares o ciertos trastornos funcionales del sistema nervioso. Aunque no requiere abrir el cráneo ni realizar incisiones, sigue siendo un procedimiento médico complejo que implica radiación ionizante, por lo que es normal preguntarse cuáles son los riesgos de la radiocirugía y qué efectos secundarios pueden presentarse después del tratamiento.
Comprender los posibles efectos secundarios de la radiocirugía ayuda a los pacientes y a sus familias a tomar decisiones informadas, a reconocer síntomas de alerta y a colaborar de manera activa con el equipo médico durante el seguimiento.
Riesgos generales de la radiocirugía como tratamiento oncológico
En términos generales, la radiocirugía es considerada un procedimiento seguro cuando se realiza en centros especializados y con equipos experimentados. Sin embargo, como todo tratamiento que emplea radiación, puede provocar reacciones en los tejidos tratados y en las estructuras cercanas.
Entre los riesgos generales de la radiocirugía se incluyen:
- Inflamación local (edema) en el área tratada.
- Irritación de estructuras vecinas cuando la lesión está cerca de zonas sensibles.
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Cambios temporales en la función neurológica, dependiendo del sitio de tratamiento.
- Aparición de efectos secundarios tardíos, que pueden manifestarse meses o años después.
Es importante recordar que el objetivo de la radiocirugía es concentrar la radiación en una región muy delimitada, reduciendo al máximo la exposición del tejido sano. Aun así, ninguna técnica puede eliminar por completo la posibilidad de efectos indeseables.
Efectos secundarios de la radiocirugía a corto plazo
Los efectos secundarios tempranos suelen aparecer en los días o semanas posteriores al tratamiento con radiocirugía. No todas las personas los presentan, y cuando aparecen, por lo general son leves o moderados y se pueden manejar con medicamentos y medidas de apoyo.
Entre los efectos más frecuentes se encuentran:
- Fatiga o cansancio general: muchos pacientes refieren sentirse más cansados durante los días posteriores. Este síntoma suele ser transitorio y mejora con descanso y una adecuada hidratación y alimentación.
- Dolor de cabeza: en radiocirugía cerebral, el dolor de cabeza puede deberse al edema leve en la zona tratada o al uso previo de sistemas de fijación (como marcos o máscaras). Habitualmente responde a analgésicos simples.
- Náusea o malestar estomacal: en algunos casos, especialmente si la radiación se dirige a estructuras cercanas al oído interno o ciertas áreas del cerebro, puede aparecer sensación de mareo o náusea.
- Molestias locales en la piel o cuero cabelludo: cuando la radiación atraviesa la piel, puede provocar irritación leve, enrojecimiento o sensibilidad aumentada; en regiones con cabello, es posible que se observe pérdida localizada del mismo (alopecia focal), generalmente temporal.
Estos efectos secundarios de la radiocirugía suelen ser manejables y, en muchos casos, el equipo médico anticipa su aparición, por lo que indica medicamentos preventivos, como antiinflamatorios, corticoides o analgésicos.
Complicaciones neurológicas asociadas a la radiocirugía cerebral
Cuando la radiocirugía se aplica en el cerebro o en la columna, algunos riesgos están relacionados con la función del sistema nervioso. La radiación puede generar un aumento transitorio del edema alrededor de la lesión tratada, lo que ocasionalmente se traduce en síntomas neurológicos.
Entre las complicaciones posibles se encuentran:
- Empeoramiento temporal de síntomas previos: por ejemplo, mayor debilidad, dificultad para hablar, alteraciones visuales o cambios en la sensibilidad, dependiendo de la región tratada.
- Crisis convulsivas: en pacientes con tumores cerebrales o malformaciones vasculares, puede existir riesgo de convulsiones. En muchos casos ya utilizan tratamiento anticonvulsivante, y la radiocirugía puede requerir ajustes en la medicación.
- Alteraciones del equilibrio o la coordinación: si el tratamiento se dirige a estructuras como el cerebelo, pueden aparecer mareos, inestabilidad al caminar o dificultad para coordinar movimientos.
Estos riesgos de la radiocirugía se minimizan mediante una planeación meticulosa, el uso de imágenes de alta resolución y la valoración cuidadosa de la dosis que recibirán las estructuras críticas. Aun así, es fundamental que el paciente comunique de inmediato cualquier cambio neurológico durante el periodo de seguimiento.
Efectos secundarios tardíos de la radiocirugía
Algunos efectos secundarios de la radiocirugía no aparecen de forma inmediata, sino meses o incluso años después del tratamiento. Estos efectos tardíos son menos frecuentes, pero pueden ser más serios.
Entre ellos destacan:
- Necrosis por radiación: se refiere a la muerte de tejido en el área tratada, como resultado de la dosis de radiación acumulada. En el caso de la radiocirugía cerebral, puede manifestarse con nuevos síntomas neurológicos o cambios en las imágenes de control. En ocasiones se maneja con medicamentos, pero en otros casos puede requerir procedimientos adicionales.
- Daño a estructuras críticas: si la lesión se encuentra muy próxima a nervios ópticos, tronco encefálico, médula espinal u otras áreas sensibles, existe un riesgo bajo, pero real, de daño permanente. Por ello, la indicación de radiocirugía siempre pasa por una evaluación cuidadosa del beneficio frente a este tipo de riesgo.
- Cambios hormonales: cuando la radiocirugía se aplica cerca de la hipófisis o del hipotálamo, puede afectar la producción de hormonas a largo plazo. Esto suele requerir controles periódicos con análisis de laboratorio y, en algunos casos, tratamiento de reemplazo hormonal.
Aunque estas complicaciones son poco frecuentes, forman parte de los riesgos de la radiocirugía que el especialista debe explicar con claridad antes de iniciar el tratamiento.
Riesgos específicos según la localización tratada
Los efectos secundarios de la radiocirugía no son iguales para todos los pacientes, porque dependen de la región del cuerpo que se trata:
- Radiocirugía en oído interno o ángulo pontocerebeloso: puede existir riesgo de pérdida auditiva, zumbido en los oídos (tinnitus) o alteraciones del equilibrio.
- Radiocirugía cerca de los nervios ópticos: si la radiación alcanza estructuras visuales, puede producirse disminución de la agudeza visual o alteraciones en el campo visual, aunque con una planificación cuidadosa este riesgo suele mantenerse muy bajo.
- Radiocirugía en columna vertebral: los efectos secundarios pueden incluir dolor localizado, rigidez o, en casos raros, afectación de la médula espinal, con cambios en la fuerza o la sensibilidad.
Por esta razón, antes de indicar un tratamiento con radiocirugía, el equipo de especialistas analiza con detalle la anatomía del paciente, la forma y ubicación de la lesión y la cercanía de órganos sensibles.
Aspectos emocionales y efectos relacionados con el procedimiento
Además de los efectos físicos, la radiocirugía puede tener un impacto emocional. El simple hecho de recibir un diagnóstico que requiere un tratamiento de alta precisión puede generar ansiedad, miedo o incertidumbre.
Durante el procedimiento, algunas personas experimentan:
- Incomodidad por la inmovilización con máscara o marco.
- Sensación de claustrofobia al permanecer en el equipo de tratamiento.
- Nerviosismo previo a la sesión, especialmente si se trata de la primera vez.
En estos casos, el acompañamiento del equipo médico, la explicación detallada del procedimiento y, en algunos pacientes, el uso de medicamentos para disminuir la ansiedad pueden marcar una diferencia significativa en la experiencia.
Cómo se minimizan los riesgos y efectos secundarios de la radiocirugía
Aunque es imposible eliminar por completo los riesgos de la radiocirugía, existen múltiples estrategias para reducirlos:
- Evaluación integral del paciente antes del tratamiento, considerando edad, antecedentes médicos y otros tratamientos recibidos.
- Uso de técnicas avanzadas de imagen y planificación tridimensional para ajustar la dosis y proteger órganos sanos.
- Aplicación estricta de protocolos de calidad y seguridad en los equipos de radiocirugía.
- Seguimiento cercano después del procedimiento, con consultas periódicas e imágenes de control.
Para los pacientes, lo más importante es mantener una comunicación abierta con su médico, informar cualquier síntoma nuevo y acudir a todas las citas de seguimiento. Comprender qué riesgos y efectos secundarios puede tener la radiocirugía permite participar de forma activa en el cuidado de la salud y tomar decisiones basadas en información clara y confiable.
